Ataque de pánico: qué es, por qué ocurre y cómo superarlo con Terapia Breve Estratégica
- Nora Isabel Ramírez
- hace 4 horas
- 3 Min. de lectura

¿Has sentido de repente que el corazón se acelera, te falta el aire, tiemblas y crees que algo terrible está a punto de ocurrir… aunque no haya un peligro real?
Un ataque de pánico puede ser una de las experiencias más intensas dentro de los trastornos de ansiedad. Muchas personas llegan a consulta convencidas de que tienen un problema cardíaco, neurológico o que están “perdiendo el control”.
Si te identificas con esto, quiero que sepas algo importante: no estás loca(o), no estás exagerando y sí tiene solución.
Como psicóloga en Heredia, acompaño procesos de ansiedad y ataques de pánico tanto en modalidad presencial como en terapia virtual, desde el enfoque de la Terapia Breve Estratégica (TBE).
¿Qué es un ataque de pánico?
Un ataque de pánico es una activación súbita e intensa del sistema de alarma del cuerpo. Se presenta con síntomas físicos y cognitivos como:
Palpitaciones o taquicardia
Sensación de falta de aire
Opresión en el pecho
Mareo o sensación de desmayo
Sudoración o temblores
Miedo a morir, perder el control o “volverse loco”
Desde el punto de vista clínico, forma parte de los trastornos de ansiedad, pero muchas veces aparece en personas funcionales, responsables y autoexigentes.
Lo más angustiante no es solo el episodio en sí, sino el miedo a que vuelva a ocurrir.
¿Qué ocurre en el cuerpo? La respuesta fisiológica ante la amenaza
Nuestro sistema nervioso está diseñado para protegernos. Ante una amenaza —real o imaginaria— se activa el sistema nervioso simpático y se desencadena la conocida respuesta de lucha o huida.
El cerebro, especialmente la amígdala, interpreta que hay peligro y envía señales para:
Liberar adrenalina y cortisol
Aumentar la frecuencia cardíaca
Elevar la presión arterial
Acelerar la respiración
Tensionar los músculos
Si estuvieras frente a un peligro real, esta reacción sería adaptativa. El problema surge cuando la amenaza no es externa, sino interna: un pensamiento, una sensación corporal o una anticipación catastrófica.
En el ataque de pánico, el cuerpo reacciona como si hubiera un incendio… aunque solo haya humo.
Y cuando la persona percibe los síntomas físicos, suele interpretarlos como señal de que algo grave está ocurriendo, lo que incrementa aún más la activación fisiológica. Así se crea un círculo vicioso característico de la ansiedad.
Desde la Terapia Breve Estratégica: las soluciones intentadas fallidas
Uno de los aportes centrales de la Terapia Breve Estratégica —desarrollada por Giorgio Nardone a partir del trabajo de Paul Watzlawick— es comprender que el problema se mantiene por lo que la persona hace para intentar resolverlo.
En el ataque de pánico, las principales soluciones intentadas fallidas suelen ser:
1. Evitar situaciones
Dejar de conducir, no ir a centros comerciales, evitar reuniones, no quedarse sola(o).A corto plazo reduce ansiedad. A largo plazo la confirma y la fortalece.
2. Buscar control absoluto
Intentar controlar la respiración constantemente, monitorear el pulso, vigilar cada sensación corporal. El exceso de control aumenta la hipervigilancia y amplifica las sensaciones.
3. Pedir tranquilidad repetidamente
Buscar garantías médicas constantes o preguntar a otros “¿estoy bien?”. Aunque tranquiliza momentáneamente, refuerza la idea de peligro.
4. Luchar contra el miedo
Intentar bloquear pensamientos, distraerse forzosamente o “no pensar en eso”. Paradójicamente, cuanto más intentamos no sentir miedo, más presente se vuelve.
En la TBE no solo analizamos el origen del problema, sino cómo se mantiene en el presente. Y ahí es donde intervenimos estratégicamente.
¿Se puede superar un ataque de pánico?
Sí. Y no necesariamente es un proceso largo.
Desde la Terapia Breve Estratégica trabajamos con:
Técnicas específicas para interrumpir el círculo miedo–síntoma–miedo
Intervenciones para transformar la relación con las sensaciones corporales
Exposiciones estratégicas guiadas
Reestructuración de la percepción de amenaza
El objetivo no es “eliminar la ansiedad” (porque la ansiedad es una emoción humana necesaria), sino devolverle su función adaptativa y quitarle su carácter desbordante.
¿Te identificas con esto?
Tal vez has dejado de hacer cosas que antes disfrutabas. Tal vez organizas tu vida alrededor del miedo a que ocurra otro ataque de pánico. Tal vez te preguntas: “¿Y si esto me pasa manejando? ¿Y si me desmayo? ¿Y si pierdo el control?”
Vivir anticipando el miedo es agotador.
La buena noticia es que el ataque de pánico no define quién eres. Es un patrón que puede modificarse.
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